Dónde comer los platos típicos en Madrid: guía para no caer en las trampas turísticas

 

Mi amigo David me escribió para preguntarme dónde llevar a comer a su familia, que venía desde Luisiana a pasar unos días en Madrid. Le prometí que le prepararía una lista con recomendaciones y de ahí nació este artículo. 

Porque una cosa es visitar Madrid y otra muy distinta comer como en Madrid. Más allá de los sitios de moda o de las recomendaciones de siempre, quería reunir lugares a los que vamos los madrileños cuando queremos comer bien de verdad: bares, tabernas y restaurantes donde el ambiente, el producto y la experiencia merecen la pena.

No será solo una guía sobre qué platos probar, sino también sobre dónde merece la pena hacerlo. Y como opciones hay muchísimas, iremos paso a paso. Ojalá esta lista también le sirva a cualquiera que quiera descubrir Madrid a través de su comida.




1. El bocadillo de calamares

El bocadillo de calamares es uno de esos platos castizos que resumen Madrid en algo tan simple como irresistible: pan crujiente, calamares recién fritos y poco más. Y precisamente ahí está su gracia. Sin salsas complicadas ni adornos innecesarios, el protagonista es el contraste entre el pan caliente y los calamares tiernos, rebozados y dorados al momento.

Este bocadillo lleva décadas siendo un clásico de la gastronomía madrileña, especialmente en los bares y tabernas alrededor de la Plaza Mayor. Tradicionalmente se acompaña con una caña bien tirada y forma parte de ese ritual tan madrileño de comer algo rápido, sabroso y sin complicaciones, de pie en la barra o compartiendo mesa entre el bullicio del bar.

 



 Dónde ir:

 Con sus habituales colas y su animada barra, La Campana es otro imprescindible para probar uno de los bocadillos de calamares más famosos de la ciudad. Situada junto a la Plaza Mayor, esta cervecería se ha convertido en un clásico popular donde disfrutar de una tradición madrileña sin artificios, ideal para comer de pie entre el bullicio del centro.

A un paso de la Plaza Mayor, Casa Rúa es uno de los templos clásicos del bocadillo de calamares en Madrid. Abierto desde 1940, conserva el ambiente castizo de las barras de toda la vida y sigue atrayendo a madrileños y visitantes en busca de un bocata sencillo, crujiente y acompañado de una caña bien tirada.

 


2. Cocido madrileño 

El cocido madrileño es probablemente el plato más tradicional y contundente de la cocina de Madrid. Un guiso de cuchara nacido de la cocina popular, pensado para reunir a la familia alrededor de la mesa.

La receta combina garbanzos, verduras, patatas y distintas carnes (morcillo, chorizo, tocino), cocinados durante horas hasta conseguir un caldo lleno de sabor. Lo más característico es la forma de servirlo “en vuelcos”: primero la sopa, después los garbanzos y verduras, y por último las carnes.

Más que una comida, el cocido es casi una tradición social madrileña. Se come sin prisa, normalmente al mediodía, y muchos restaurantes lo siguen preparando como hace décadas. Es un plato abundante, reconfortante y muy ligado a la identidad castiza de Madrid.

 

 

 

Dónde probarlo:

Fundado en 1895 y situado junto a El Rastro, Malacatín es una de las tabernas más emblemáticas de Madrid y un auténtico santuario del cocido madrileño. Su ambiente tradicional y una receta familiar transmitida durante cuatro generaciones lo han convertido en una referencia imprescindible para quienes buscan la esencia más castiza de la ciudad.

Desde 1870, La Bola mantiene viva una de las grandes tradiciones gastronómicas madrileñas. Famosa por su cocido cocinado lentamente en pucheros de barro sobre carbón de encina, esta histórica taberna del Madrid de los Austrias ha recibido a generaciones de madrileños y personajes ilustres, conservando intacto el sabor y la atmósfera de otra época. 


3. Paella

Aunque la paella no nació en Madrid sino en Valencia, es uno de los platos españoles más conocidos y también uno de los más buscados por quienes visitan la ciudad. Y sí, en Madrid también se puede comer una buena paella… si sabes dónde ir.

La base de una buena paella está en el arroz: suelto, lleno de sabor y cocinado con un caldo potente que concentra todos los ingredientes. Las más tradicionales llevan pollo y conejo, aunque también son muy populares las versiones de marisco o mixtas.

Eso sí: en Madrid conviene evitar muchos restaurantes excesivamente turísticos donde la paella se prepara de forma rápida y poco auténtica. Una buena paella requiere tiempo, paciencia y un arroz hecho al momento. Y cuando está bien hecha, merece absolutamente la pena.

 




 Dónde ir:

Con más de tres décadas de trayectoria, Taberna del Olivo ha llevado la tradición de los arroces alicantinos al corazón del barrio de Salamanca. Un restaurante familiar donde el sabor mediterráneo y el cuidado por el producto han hecho de sus paellas y arroces una referencia entre los aficionados a la cocina levantina.

Especializada en arroces y cocina mediterránea, Larrocería se ha ganado un hueco entre los amantes del arroz en Madrid gracias a una propuesta que combina recetas tradicionales con un ambiente acogedor y contemporáneo. Un lugar ideal para disfrutar de paellas y arroces melosos elaborados con producto de calidad y espíritu mediterráneo.

 


4. Huevos rotos

Los huevos rotos son uno de los platos más clásicos y populares de las tabernas madrileñas. La receta es sencilla, pero cuando está bien hecha funciona a la perfección: una base de patatas fritas caseras, cortadas de forma irregular y doradas lentamente, sobre las que se colocan huevos fritos con la yema todavía líquida. Justo antes de servir, los huevos se “rompen” y la yema se mezcla con las patatas calientes creando esa combinación tan simple como adictiva.

 



  Dónde ir:

Frente al mítico Casa Lucio, esta taberna recoge el espíritu de uno de los nombres más legendarios de la gastronomía madrileña. En un ambiente más informal y desenfadado, sigue conquistando con sus célebres huevos rotos y una cocina castiza que ha convertido la Cava Baja en parada obligatoria para locales y visitantes. La imagen superior es de sus típicos huevos rotos. Deliciosos!

 Escondida en una de las calles con más encanto de La Latina, Almendro 13 es una taberna castiza donde el tapeo y las raciones tradicionales son los protagonistas. Su ambiente animado y especialidades como las roscas y los huevos rotos la han convertido en un clásico imprescindible del barrio.



5. Tajada de bacalao 

La tajada de bacalao es uno de esos aperitivos castizos que sobreviven intactos en algunas tabernas históricas de Madrid. Consiste en un trozo de bacalao desalado, rebozado y frito hasta quedar dorado y crujiente por fuera, pero jugoso por dentro. Se suele comer recién hecho, acompañado de una caña o un vermut, muchas veces de pie en la barra y entre el bullicio típico de las tabernas madrileñas. Un bocado sencillo, salado y absolutamente adictivo.

El soldadito de pavía es también bacalao, pero se prepara de manera distinta: mientras que la tajada suele ser un trozo más grueso, el soldadito se corta en tiras alargadas, siendo la versión más estilizada. El nombre viene del parecido entre el color dorado del rebozado y los uniformes de los soldados de caballería del siglo XIX. 
 
 


Dónde ir: 

Fundada en 1860, Casa Labra es una de las tabernas históricas más queridas de Madrid. A pocos pasos de la Puerta del Sol, mantiene intacto su aire castizo y es famosa por sus croquetas y tajadas de bacalao (en la imagen). 

Desde 1966, Casa Revuelta es una parada obligatoria para los amantes del tapeo más tradicional. En pleno Madrid de los Austrias, esta pequeña taberna ha convertido sus célebres tajadas de bacalao rebozado en una auténtica institución, manteniendo el ambiente popular y desenfadado de las barras de siempre.  


6. Churros con chocolate 

  • Chocolatería San Ginés 
Fundada en 1894 y escondida en un pasadizo junto a la Puerta del Sol, la Chocolatería San Ginés es uno de los iconos más reconocibles de Madrid. Sus tradicionales churros con chocolate, servidos a cualquier hora del día, han convertido este histórico local en una parada imprescindible para generaciones de madrileños y visitantes, conservando intacto el encanto de los cafés de finales del siglo XIX.
 
 


  


7. Tapas y ambiente madrileño

Para los madrileños, tapear es una forma de socializar. Se trata de reunirse con amigos o familiares y recorrer varios bares probando pequeñas especialidades en cada uno: una croqueta aquí, unas gambas al ajillo allí, un bocadillo de calamares más adelante. El objetivo no es sentarse en un solo restaurante, sino disfrutar del ambiente, conversar y saborear Madrid a pequeños bocados. 

Es una costumbre que combina gastronomía y vida social, y una de las mejores maneras de entender el carácter abierto y animado de la ciudad.

 




Zonas recomendadas:

Es cierto que La Latina y el Mercado de San Miguel son muy buenas zonas para tapear, pero si quieres salirte de las zonas más típicas y quizá algo masificadas estos últimos años, hay estas otras opciones:

Chamberí: Una de las mejores zonas para tapear con ambiente madrileño. Alrededor de Ponzano hay decenas de bares y tabernas, pero también merece la pena perderse por las calles de Trafalgar y Gaztambide, donde conviven vermuterías clásicas y propuestas más modernas.

Lavapiés: Más alternativo y multicultural, combina tabernas tradicionales con bares de cocina internacional y terrazas con mucho ambiente. Perfecto para quienes buscan una imagen más diversa y contemporánea de Madrid.

Mercado de Vallehermoso: Un mercado de barrio reconvertido en un espacio gastronómico muy auténtico, con puestos de cocina española e internacional y una clientela mayoritariamente local. Ideal para ir probando diferentes cosas sin las aglomeraciones del Mercado de San Miguel.

ProsperidadOtro barrio muy apreciado por los madrileños para salir a comer y tomar vinos o cañas. Tiene una mezcla de tabernas clásicas y restaurantes modernos sin el bullicio del centro.

Ventas y Guindalera: Una zona poco turística donde se encuentran algunas de las mejores casas de comidas y tabernas de la ciudad. Si les interesa el Madrid más cotidiano, aquí encontrarán bares llenos de vecinos y precios más moderados.
 
 
 

Importante: cómo evitar sitios turísticos malos

1. Evitar cartas con fotos en Plaza Mayor

2. Buscar bares llenos de españoles 

3. Precios visibles: buena señal

 

Dos itinerarios 

 Para finalizar, te proponemos dos itinerarios para que elijas, o bien los hagas en  diferentes días:

Primero 

  • Empieza con un clásico: un bocadillo de calamares en Casa Rúa o La Campana. A esas horas el ambiente es mucho más tranquilo y se disfruta mejor del Madrid más tradicional.
  • Baja hacia La Latina y para en Casa Revuelta para probar el bacalao rebozado. 
  • Continúa hasta la Taberna Almendro 13 y toma unas cañas y huevos rotos. 
  • Plaza de la Paja, una de las plazas con más encanto del centro y menos concurrida que la Plaza Mayor. 
  • Puerta del Sol y Casa Labra. De camino hacia Sol, parada técnica en Casa Labra para probar sus tajadas de bacalao.  
  • Termina con unos churros con chocolate en San Ginés es parada obligatoria. Recomendable ir a última hora de la tarde.  

Segundo 

  • Vermut y aperitivo en el Mercado de Vallehermoso. El mercado combina puestos tradicionales con pequeñas barras gastronómicas donde disfrutar de un vermut, una copa de vino o unas primeras tapas en un ambiente relajado y muy local.
  • Tapeo tradicional por Chamberí. En las calles Ponzano, Trafalgar y Gaztambide puedes encontrar tabernas clásicas, vermuterías y bares donde ir enlazando cañas y raciones sin prisas, como hacen muchos madrileños.
  • Al caer la tarde, Lavapiés muestra una de las caras más vibrantes y cosmopolitas de la ciudad. Sus calles mezclan bares tradicionales con propuestas internacionales y terrazas con mucho ambiente, ofreciendo una visión más diversa y contemporánea de Madrid.
  • Para terminar el día como un auténtico madrileño, nada mejor que alejarse un poco del centro y acercarse a Prosperidad o Guindalera. Son barrios residenciales donde abundan las tabernas de toda la vida, las casas de comidas y los restaurantes frecuentados por vecinos, con un ambiente tranquilo y precios más moderados.

 

 

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